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María
Zambrano (68) y Franco Salvador (80) sufrían de cataratas y hacía años que
veían con dificultad.
María, a pesar de estar bien físicamente, casi no
salía a la calle ("no podía llevar a mis nietos a la escuela", dice)
porque en más de una ocasión se había caído por no ver con claridad el
suelo.
Franco cuenta que no veía los rasgos de los rostros, que cuando hablaba
con su familia sólo distinguía un bulto que emitía sonido y que para leer
o ver tele se tenía que encimar al papel o al aparato.
Ninguno de los dos podía discernir los números de los colectivos, ver las
hojas de los árboles, las formas de las nubes, las texturas de las
edificaciones, los gestos, las muecas, las sonrisas...
Hasta que, en diciembre de 2006, viajaron a Bolivia en el primer
contingente cordobés en trasladarse para ser operado.
"Yo no tengo dinero para operarme, pensé que nunca iba a mejorar, después
de 12 años con la enfermedad. De verdad es un milagro. Lo único que pagué
fue el cospel que me llevó a la terminal de ómnibus para luego ir a
Bolivia", expresa María.
"Me cambió la vida, yo no veía casi nada. Fuimos una semana a Bolivia.
Como tengo 80 años me acompañó mi hija y tampoco tuvo que pagar nada: ni
ómnibus, ni hotel, nada. Los médicos nos atendieron muy bien", cuenta
Franco.
Ambos se muestran muy agradecidos. Es que recuperar la visión para ellos
fue volver a vivir bien.
FUENTE: Diario La Voz
del Interior (Córdoba), 14/1/2007
http://www.lavoz.com.ar/07/01/14/secciones/sociedad/nota.asp?nota_id=35648&origen=relacionadas
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