No más sombras

 

Texto y Fotos:  Bibiana Fulcheri

Domingo de noche, a la vera de la Ruta Nacional 34, en Salta, a pocos kilómetros de la localidad de Profesor Salvador Mazza, último paraje argentino antes de la frontera con Bolivia. De un momento a otro, pasará la camioneta de la Fundación Un Mundo Mejor Es Posible (UMMEP), que traslada a un grupo de oftalmólogos argentinos que se sumarán a otros colegas, cubanos y bolivianos, todos voluntarios de la llamada Misión Operación Milagro, que en el Centro Oftalmológico Municipal de la localidad de Yacuiba, del otro lado de la frontera, interviene quirúrgicamente, sin costo alguno, desde octubre del año pasado.

A la hora señalada, Claudia Camba, responsable de coordinar en el ámbito nacional los contingentes de personas que serán operadas de cataratas y pterigium, saluda desde la ventanilla de vehículo, que emprende el tramo final de carretera argentina. Entre los rumores del motor y el croar lastimero de las ranas chaco-salteñas, dice Claudia:

"Es difícil definir la Operación Milagro. Podríamos resumirlo así: una propuesta cubano-venezolana cuya premisa es devolver la vista, mediante operaciones gratuitas, a seis millones de personas, y formar a 100 mil médicos en la especialidad que elijan"

Se parte de una evidencia incontrastable: según la Organización Mundial de la Salud, en América Latina, hay unos cinco millones de personas afectadas en su capacidad visual. Para un 80 por ciento de ellas, la situación es reversible completamente, pero la falta de acceso a servicios oftalmológicos es un obstáculo insalvable.

"El comienzo de la experiencia está íntimamente relacionado con otro programa, Yo Sí Puedo, un método cubano de alfabetización implementado en muchos lugares de América – relata Camba -. Cuando se estaba haciendo en Venezuela, en 2004, los alfabetizadotes encontraron mucha gente que no había aprendido a leer ni escribir sencillamente porque no veía. Asé se creó en Cuba la Ciudad Milagro, un centro de operaciones gratuitas al que arribaron 500 mil personas provenientes de varios países latinoamericanos. Cuando se hizo público esto en la Argentina, logramos enviar unas 800 personas de Jujuy y Buenos Aires, con quienes ya habíamos implementado el plan de alfabetización. Ahora esto se hace sólo en casos especiales: van diez pacientes por semana"

En determinado momento, la demanda fue tan grande que se optó por crear centros de operaciones descentralizados en Ecuador, Haití, Venezuela y Bolivia.

"En Villazón y Yacuiba no sólo se atiende a bolivianos, sino que acceden contingentes de argentinos de diversas provincias: Salta, La Rioja, Catamarca, Córdoba, con las que formalizamos, a través de organismos oficiales o de fundaciones, un vínculo para que ellos también sean parte activa del milagro", agrega Claudia Camba.

Las luces de la Aduana de Mazza ponen fin a la travesía salteña. El cruce es de a pie, con los documentos en la mano. Del lado boliviano, con los brazos abiertos, aguarda Ana María Álvarez, coordinadora de la UMMEP en Yacuiba. El viaje sigue luego, en taxi, por calles abarrotadas por el intenso comercio de las fechas francas de productos variopintos, hasta que un tal Félix, dueño del hotel "Las Vegas", abre solícito las puertas del auto, baja equipajes, hace la ficha de ingreso, escolta hasta los cuartos y, calzándose un barbijo, dialoga con los pacientes que están cenando. Ana María mira a Félix y dice: "Como todo lo que forma parte de Operación Milagro, tiene que ser muy especial. Para contratar los hoteles se hace un relevamiento previo muy grande y minucioso: se precisa higiene absoluta, comida indicada para la gran cantidad de pacientes diabéticos e hipertensos, un lugar de asepsia total adaptado como enfermería para las curaciones postoperatorias... En Yacuiba, tenemos seis hoteles contratados para hospedar a más de 300 pacientes cada vez".


LLEGAR PARA QUEDARSE

El día amanece luminoso, aunque una bruma húmeda le da apariencia de acuarela a las serranías orientales de Yacuiba, capital de la provincia del Gran Chaco, en el departamento de Tarija. Tres banderas flamean entre las palmeras de la entrada del hospital: la del Gran-Chaco (verde y blanca), las de Bolivia y Cuba.

"Edesia, escuchame: llegó San Pedro con unas veinticinco cataratas y en la frontera tenemos al contingente de Córdoba. Ya está todo arreglado", habla por su celular Ana María Álvarez. El Centro Oftalmológico es un enorme complejo centenario, pero reciclado, inaugurado en Octubre de 2006 por el alcalde local, el embajador cubano en Bolivia y el mismísimo presidente Evo Morales. Las fotografías de aquel día decoran los pasillos. Todo está pintado de un amarillo subido y decorado con flores.

"Si buscan a la directora, recorran los pasillos. Nunca está en su oficina", dice una simpática recepcionista. En medio del corredor principal, los pacientes no dejan avanzar a Edesia Ríos, la directora: le toman las manos, le cuentas cosas, le acarician el guardapolvo… "Pase, pase. ¿Quiere conocer los consultorios?" dice con un acento sabroso, Edesia, y enseguida aclara: "Le aclaro que no soy doctora. Soy enfermera. Aquí estoy como directora interina, pero que una enfermera tenga un cargo ejecutivo a nosotros no nos resulta extraño. Vamos rotando funciones. Nadie es imprescindible".

Dice que son veintiocho los profesionales cubanos que trabajan en al clínica. "Tenemos oftalmólogos, clínicos, cirujanos, optómetras, bioquímicos, ópticos, enfermeras que también realizan curaciones posquirúrgicas. Hay dos equipos operando en paralelo. Son ochenta operaciones diarias, pero vamos por más… Le digo una cosa: a esto hay que vivirlo; no saben lo que significa retirar un parche y que la gente vea la luz, después de veinte, treinta años de ceguera. Operación Milagro llegó para quedarse, y creo que serán más de seis millones los beneficiados".


VOLVER A VERTE

Los pacientes salen de los quirófanos. Afuera, los aguardan los acompañantes voluntarios y un médico pesquisa, y son supervisados por la coordinadora de la UMMEP en Yacuiba, suben a dos minibases rumbo a los hospedajes, donde los posoperatorios duran tres días.

En la recepción de los hoteles, las historias salen a la luz. Allí, los pacientes descansan, esperan a las enfermeras para las gotas y charlan, charlan, charlan, y también se ríen mucho, mucho, mucho…

Aparece María Rosa González, de la mano de una doctora. Es riojana, y confiesa que en sus siete décadas y más de vida, es el primer viaje que hace. "Resulta que yo tenía cataratas en el ojo derecho. Me hice atender cuando ya era todo turbio lo que veía, pero cuando me dijeron que tenían que operarme, me desaparecí. Hasta que un día s me dio por hacer la prueba y me tapé el ojo con la mano. ¿Y sabe qué? Ya estaba ciega total. Claro, me asusté, y allí empecé a consultar, pero no había caso. Con mi plan de 250 pesos y un hijo a cargo, ¿quién iba a querer operarme? Y bueno, ahora no tengo palabras para agradecer. ¡No sabe cómo me trataron aquí!"

Mientras a María Rosa le colocan sus gotas, toma la posta José Barón, un tucumano también setentón que estruja una gorrita en sus manos de pura ansiedad por hablar:" Mire usted, todavía no les puedo hablar a mis hijos porque me largo a llorar y no puedo contarles que veo… Yo soy de Monteros, Tucumán, trabajé muchos años en una fragua como herrero, desde los 14 ya estaba meta golpe, sin soplete, sobre el fuego, y bueno, me salió una carnaza en el ojo izquierdo. Y no me operé porque no tenía ni obra social ni PAMI ni nada. Sobreviví un tiempo como chofer, pero ya era un peligro manejando. Hasta que me dijeron en la Municipalidad que me anotara para que me operaran en Bolivia, los cirujanos cubanos, ¡y no lo dudé un segundo, ha visto? En mi familia hicieron una colecta para que trajera algo. Junté con sacrificio 120 pesos, y mírelos:¡aquí están, me los llevo de vuelta!".

Y el riojano Ángel Domínguez aporta lo suyo, apasionado: "A mí me pedían 3.000 pesos para sacarme las carnes de los ojos. ¿Cuándo los iba a juntar? Me pasé casi toda la vida viendo manchas, y cuando me dolían los ojos ¡meta cubitos nomás! Un día me enteré de que los cubanos estaban operando gratis, y dije: ¿cuándo nos tocará a nosotros? Y bueno, aquí me tiene: ¡En dos minutos me operaron, y al otro día ya vi de diez!"

Elba Ruiz y su hija, Rosana, salteñas, piden disculpas, ya se van para Aguaray, pero antes de irse quieren saludar a Claudia Camba, la coordinadora. "Es que es tanto mi agradecimiento!. Toda la vida padecí mi problema de diabetes, y me la pasé viajando por toda Salta para ver si solucionaba por lo menos lo de la vista. Fui de Aguaray a Tartagal, de allí a Salta…" se detiene Elba, visiblemente emocionada, e interviene Rosana: "Lo que mi mamá no dice es que en todos los hospitales la trataban como basura. Sin plata ni obra social, no hay manera… En nuestra familia, ya son tres los operados en Yacuiba".

"¡Adiós, mis pacienticas!", se escucha la voz de Marta, una enfermera color Caribe, y las tres se abrazan como locas. "Nos vemos! – dice Elba – "¡Por fin puedo saludar así!".

Ella cree en los milagros. Quizás no existan, pero que los hay, los hay.
 

Cataratas y pterigium

Son las dos patologías operables en Yacuiba. La enfermedad de cataratas se define como la opacificación del cristalino, una de las lentes del sistema visual que tiene que estar transparente para que la retina reciba una imagen clara. Con el paso de los años, la acumulación de proteínas nubla el cristalino, y a consecuencia de otras enfermedades (diabetes, tabaquismos, alcoholismo, etcétera) o lesiones, se va enturbiando la visión.
La catarata puede ocurrir en uno o en los dos ojos, y no se "contagia" de un ojo al otro.
Tras la operación de cataratas, el paciente operado en Yacuiba es revisado por un especialista con el siguiente régimen: a las veinticuatro horas, a los siete y a los quince días, al mes y a los tres meses, cuando se le entregan sus lentes gratuitos.
La otra patología es el pterigium, una degeneración de la conjuntiva (membrana mucosa que tapiza el globo ocular), que infiltra la córnea alterando el eje visual. Este crecimiento excesivo del tejido fibrovascular de la conjuntiva hacia la córnea sucede por la exposición a rayos ultravioletas, viento, fuentes de calor, etcétera.
EL seguimiento del paciente operado de pterigium se efectúa a las veinticuatro horas, a los quince días (cuando se le retiran los puntos) y al mes, cuando tras la refracción, recibe sus anteojos.
En la etapa preoperatorio, todos los pacientes son sometidos rigurosamente a análisis o pruebas complementarias de hemoglobina, hematocrito, glicemia, electrocardiograma, refracción y agudeza visual.


Fuente: Revista RUMBOS - Año 4 Número 197 - 3 de Junio de 2007

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