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Escrito por el Dr. Emiliano Mariscal, médico Argentino graduado en la ELAM, Escuela Latinoamericana de Ciencias Medicas de La Habana.

Querida familia, entrañables compañeros:

 No tomen mi larga ausencia como ofensa, saben que puedo escribir cuando siento, cuando brota insoportablemente el deseo de recrear en palabras vivencias hechas pensamiento, convertidas en enseñanzas y en motor de nuevas energías. 

Imagino que estarán abrumados por tanta noticias, si me parece estar viéndolos llenos de indignación, colmada ya la paciencia por la arrogancia de quienes dominan este mundo, aquellos países que un día saquearon Nuestra América arguyendo civilizarla y que gracias a ello alcanzaron un nivel de desarrollo productivo que les permitió conformar un engranaje, mediante el cual nos condenan por todas las vías a no desarrollarnos, a no independizarnos, a no tener capacidad de respuesta, solo nos destinan a la dependencia, la gran paradoja es esperar que aquellos que han sumido al mundo en el subdesarrollo sean quienes gesten su progreso. El mundo adquiere matices de insólito peligro, los que siempre se benefician no encuentran la manera de salir de la crisis, las cuentas no dan por ningún lado, agravado por el dominio de la especulación que aumenta considerablemente la incertidumbre. 

Conozco que han adquirido esa capacidad de ser sensibles a las injusticias cometidas en el mundo, por tanto los sé opuestos a la última aventura imperial, quienes a partir de un aparato mediático inconmensurable, intentan mostrar al mundo que defienden la “libertad”, que protegen la población civil de un país que vaya casualidad posee vastas riquezas del petróleo que ya les va escaseando a los invasores, es inaudito el intento de legitimarlo, y además es peligroso, varios países centrales junto a otros lacayos arremeten sin importar cuanta veracidad contienen sus argumentos. Países en profundas crisis encuentran en la guerra su última esperanza, asesinan personas, arrebatan la vida a cientos, miles de seres humanos que pagan el pecado de habitar una tierra rica en petróleo, encubren bajo el nombre de daños colaterales valiosas existencias que padecen la ira asesina de la sinrazón, de la desesperación de un sistema que no encuentra forma de salir, de este modo el imperialismo va degenerándose (o va mostrándose tal cual es), se va convirtiendo en ese algo viejo que no acaba de morir pero que hace mucho daño. 

Haití víctima bicentenaria de ese imperialismo, lo padece día tras día, la realidad social producto del castigo impuesto por ser los primeros esclavos en la historia de la humanidad en libertarse mediante su propia lucha,  los sigue maltratando y humillando con una ocupación militar que busca la sumisión de un pueblo históricamente valiente, con hijos gigantes que han enfrentado crueles esclavistas, ejércitos imperiales, furibundos mercenarios, soldados de potencias extranjeras, horrendos títeres con manos ensangrentadas.

 Las Naciones Unidas (hoy manchada con la sangre de civiles Libios) se reúne a discursear sobre reconstruir uno de los países más pobres del mundo. Pasado un año de aquella inolvidable Conferencia de Donantes, devenida oda a la retórica, pretende mostrar al mundo su preocupación y su interés por contribuir al desarrollo de Haití. Mientras quienes más prometieron hace ya un año, destinan fortunas y toda su logística de acción en la “protección” de la población civil de un pueblo del mundo mediante un método innovador, un sanguinario bombardeo, una pequeña isla del caribe, dedica infatigables esfuerzos en trabajar articuladamente con autoridades de Haití en el Fortalecimiento y Reconstrucción del Sistema de Salud, sin lugar a dudas uno de los acápites fundamentales en cualquier aspiración de mejoría de calidad de vida. Junto a ella Venezuela, el ALBA, otras naciones como Brasil, Noruega, Namibia y algunas otras.  

Durante el tiempo transcurrido desde la Conferencia de Donantes, Cuba con el apoyo de Venezuela y en coordinación con Haití ha reparado 15 Hospitales, manteniendo 23 en funcionamiento, 19 Centros de Salud, 30 salas de rehabilitación, una base logística capaz de enfrentar las exigencias de una terrible epidemia de Cólera. Ha montado en sus unidades un Sistema de Vigilancia en Salud que permitió dar la primera alerta 3 días antes de la confirmación oficial de la epidemia. 

En el enfrentamiento a la epidemia de Cólera los Grupos de Pesquisa Activa de la Brigada Médica Cubana han contactado a 1 millón 753 mil 462 personas, detectando 5 mil 321 enfermos de Cólera, personas cuyas vidas han sido  salvadas a partir del diagnóstico temprano de manera que no llegan a sufrir la complicación más temida, la deshidratación que conduce a la muerte.  El impacto de cortar la transmisión de la enfermedad en lugares sumamente intrincados, mediante la distribución de cloro y el tratamiento oportuno de casos y contactos, así como las acciones de educación sanitaria, son el estímulo para enfrentar el porvenir.  

Mientras aquellos que tanto hablan siguen gastando en pólvora y balas, la misión médica cubana readecua sus unidades en vistas a enfrentar lo que será endemia durante vaya a saber que tiempo, mientras misiles teledirigidos equivocan el rumbo y masacran inocentes, los profesionales cubanos continúan el embate a los brotes que van apareciendo, mediante la localización de los sitios de transmisión y la acción de los grupos de pesquisa en esos lugares. Mientras las potencias imperiales buscan consenso para asesinar con “legitimidad” Cuba invita a todos aquellos verdaderos interesados en aportar a la reconstrucción del país hermano a trabajar de forma coordinada, a ser parte de la contundente demostración de que el camino es la preocupación genuina por el otro, la ayuda solidaria y desinteresada a quien lo necesite.

Cuba ha desplegado un poderoso contingente que ha atendido a 73 220 pacientes, con una letalidad irrisoria de 0,37%, traducido en miles de vidas arrebatadas a la muerte, llegando a contar con 67 Unidades y Centros de tratamiento del Cólera.

Es que es tan abismal la diferencia, hijos humildes de América Latina, despiertan cada día luego de un sueño reparador, pululan imágenes de un pueblo agradeciendo, personas sencillas, rostros de admiración y gratificación, a pesar del cansancio por la ardua labor sienten la satisfacción de desarrollar su vocación, ayudar al que lo necesita, curar con ciencia y con amor, la sólida formación humanista e internacionalista aprehendida en Cuba, en la Escuela latinoamericana de Medicina que los albergó y convirtió en profesionales, les permite enfrentar el nuevo día con la esperanza de seguir siendo útiles, pronto estarán en algún paraje inhóspito de la geografía haitiana, curando, enseñando, consolando. Mientras tanto otro joven nacido en América Latina, de procedencia humilde, que producto de la situación social de su país se trasladó a los Estados Unidos, y para poder alcanzar status migratorio o poder estudiar una carrera universitaria debió partir a un país desconocido, despierta luego de horrendas pesadillas, donde se reproducen fragmentos de su cotidianeidad, rostros temerosos, nerviosismo, combates sin sentido, amenazas, sangre, compañeros caídos. Se incorpora casi sin fuerzas, obligado por los gritos impuestos por la disciplina militar, sabe que le espera un día difícil, quizá otro con más “suerte” sea quien acciona el botón que propulsa los misiles que caerán en tierra Libia.

 Sepan que quienes trabajamos por el bienestar de la humanidad, devenida cada espacio de construcción, no cejaremos en el empeño de construir ese mundo mejor que necesariamente ha de llegar, y que la realidad de nuestro continente que ha dicho basta y ha echado a andar nos lo demuestra cotidianamente. Presidentes a nombre de sus pueblos van conduciéndonos hacia el sueño de nuestros próceres, basados en relaciones de nuevo tipo, buscando la equidad, la justicia social, el intercambio basado en la complementariedad y la solidaridad desinteresada, transformándonos en eso que siempre hemos sido, ciudadanos de un gran país, de una patria grande pues compartimos culturas, idiomas, una historia común y hoy un deseo fervoroso de democracia genuina, basada en igualdad de oportunidades, en salud y educación universal, en fin una vida digna y en equilibrio con la naturaleza.

 La contundencia de lo hecho nos hace sentir orgullosos de ser parte de ello y a la vez invita a continuar trabajando por brindar salud al pueblo haitiano, y aquellos que admiran la obra en proceso deben divulgarlo, luchar por romper el cerco de silencio dentro del gran aparato mediático, llevar el mensaje de que en trincheras de ideas se gestan obras de humanismo sin par y en trinchera de piedras crueles masacres. 

Los quiere y extraña,

Emiliano.

 

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 Inicio  www.operacionmilagro.org.ar

 


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